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Hacia la liberalización del mercado
El desarrollo de las reformas económicas orientadas la liberalización de los mercados, al igual que en cualquier parte del mundo, han implicado para el Perú un desafío permanente al sistema socio-político. Específicamente, aquí es importante la resistencia social y política que esto conlleva, y donde la construcción de consensos básicos, son la meta de la innovación institucional que enfrenta el Estado y los demás actores del sistema político.
De esto, se deriva la evaluación y creación de una factibilidad política para hacer reformas económicas frente a actores sociales que pueden oponerse. Sin embargo, el desafío que se argumenta, es que la factibilidad debe ser solidificada por el liderazgo institucional del Estado y de los demás actores (como los partidos políticos, los sindicatos, los empresarios, etc.) promoviendo negociaciones de pactos sociales a nivel laboral, tributario, salarial etc.
Claramente lo anterior requiere de un largo tiempo, porque no sólo involucra cambios contractuales, sino también cambios culturales a nivel ideológico. Así, los sectores que presencian las reformas deben verse estimulados por las mismas, viendo que la estrategia va en su propio interés, tanto a nivel individual como colectivo (aquí destacan elementos como las expectativas populares con respecto a las posibles alternativas o la eventualidad de una positiva distribución del ingreso).
En base a lo planteado me gustaría hacer una revisión del estilo político que posee el Presidente Alan García para conducir reformas económicas. La hipótesis que se busca sustentar es que su estilo será capaz de institucionalizar las reformas de libre mercado que hoy presencia el sistema peruano.
“Alan: El héroe transformador”
Los dos gobiernos que ha protagonizado Alan García al mando del Perú han evidenciado una similitud a la que debiese prestársele atención, y es que en ambas instancias a existido un deseo de protagonizar un “gran cambio” transformador, que en si mismo, no respeta los ritmos sociopolíticos del pueblo peruano.
Durante el primer gobierno de Alan García (1985-1990) y lo que va del actual (2006-2011), anuncia un supuesto héroe transformador con un contenido de “gran cambio”. Es claro que el contenido de este cambio ha variado con una reforma estatista en el primer periodo y una profundización liberizadora del mercado en el segundo.

PRIMER PERIODO PRESIDENCIAL (1985-1990) -ESTATISTA-
Su primer periodo estuvo caracterizado por un gobierno personalizado, con la intención de conducir la política económica y la seguridad contra Sendero Luminoso, radicalizando su accionar con una marcada desconfianza en su partido político (APRA) y en la sociedad civil. Ahora bien, cuando el contexto peruano estuvo marcado por la crisis económica, García como todo líder carismático fiel a su programa, estatizo la banca comercial y las compañías de seguro privado. Busco relaciones clientelares tanto en los sectores populares, como en el mundo empresarial. Su ritmo y velocidad de transformación paso por alto los diálogos sociales y las instituciones como medios indispensables para la configuración de un consenso peruano básico y solido que legitimara su “gran cambio”.

SEGUNDO PERIODO PRESIDENCIAL (2006-2011) -LIBRE MERCADO-
Su actual periodo es diferente, pero sólo en cuanto al contenido del “gran cambio”. Alan García busca profundizar una estrategia de desarrollo hacia una economía de mercado. Sin embargo, repitiendo el mismo estilo transformador del pasado, el que no respeta los ritmos y no se hace cargo de la construcción de consensos en el pueblo peruano.
Y es que uno de los principales problemas en el Perú para la consecución de estas reformas económicas, es el no evaluar la factibilidad política que expresa la diferencia entre un Perú mayoritario y excluido, que no se siente participe ni de la democracia ni del mercado (regiones andinas), versus la imagen de concentración y mundo paralelo que expresa Lima.
¿Y que hace el inversionista con esto?
Desde el punto de vista del riesgo político de inversión para el caso peruano, se presenta una contradicción frente al análisis que expone el riesgo país, específicamente en cuanto a indicadores como la incertidumbre, la seguridad jurídica, el consenso sobre la estrategia de desarrollo, entre otros.
El riesgo país y las diferentes metodologías sobre la materia que poseen las principales calificadoras de riesgo, califican al Perú como una economía solida, con un positivo clima de negocios en el largo plazo.
El riesgo político de inversión dando una mayor connotación al análisis político en los mismo indicadores, llama a la prudencia, principalmente en establecer inversiones que obvien variables y fenómenos cualitativos como los que en este articulo se han buscado establecer:
* La realidad desigual centro-periferia del sistema peruano que relativiza el análisis de inversión.
* Las repercusiones en un mediano y largo plazo de estilos político-económicos como el que sostiene el presidente Alan García.
* La incertidumbre que implica establecer inversiones de largo plazo en el Perú sin considerar escenarios de conflictividad social.
PATRICIO MORALES F. Director Área de Riesgo Político, CAIP. pmorales@caip.cl
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